A veces los azares nos llevan a lugares insospechados.

Decía Vari el miércoles en la presentación de la edición especial de “Un cortado” que “al azar hay que hacerle cosquillas”. Pero a veces es el azar el que nos hace cosquillas a nosotros sin darnos cuenta, y un día 13 pone en mis manos la copia 13 de “Un relato breve”. La primera copia en ver la luz en un día 13, oscuro y, según dicen, dueño de la noche más larga.

Conocí Un relato breve de la mano de su autor, Brandán Gómez, cuando aún era un embrión en forma de maqueta, y ahora que lo veo adulto en su forma final no puedo dejar de sentirme orgullosa por haberlo visto crecer.

Cuando sacas el libro de su preciosa funda, un halo de misterio ya se impone ante nosotros al ver la portada, no sabemos qué va a pasar. Ya estábamos inquietos ante la visión del cuchillo que adorna la funda, pero ahora estamos asombrados al pasar la primera página ante la delicadeza que sigue al cuchillo.

Avanzan las páginas y un pequeño relato capitular nos va conmoviendo como lo hacen todas las pequeñas cosas que hacemos con amor. Las fotografías de Brandán, junto con el fino diseño de Miguel Á. Acosta, conforman un trabajo que nos sumerge en un mundo que no conocemos pero que, de alguna manera, tampoco nos es ajeno. Nos transporta al plano de los sueños, a un lugar que todos anhelamos pero al que no siempre sabemos ir. Este libro tiñe de belleza todo lo desconocido, todo lo que nos da miedo.

Si quieren vivir la experiencia de viajar a través de este relato a otro plano gravitacional, este fin de semana el autor estará en Fiebre, en el stand de Dispara. No dejen de visitarlo y echarle un ojo.